Antes de instalar sofisticados sistemas domóticos (que también), deberíamos usar una poderosa herramienta que traemos de serie: El sentido común.
En nuestro país, por poner un ejemplo, en los meses de verano amanece entorno a las 7 de la mañana y anochece sobre las 21h. Sin embargo, un ciudadano medio se levanta a eso de las 9 y se acuesta cerca de la media noche. Se están desaprovechando dos valiosas horas de luz natural y gratuita que vamos a necesitar poco más tarde y habremos de comprar a un coste energético y económico muy elevado.
En todos los idiomas hay refranes que vienen a decir que los viejos hábitos son difíciles de cambiar, máxime cuando toda la vida a nuestro alrededor está adaptada a esos horarios (los programas de televisión, los comercios, restaurantes...)
Una verdadera reducción energética, es una apuesta colectiva y valiente que requiere esfuerzo y coordinación. Pero también gestos individuales y no menos valientes que sirvan de punta de lanza.
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