Inercia Térmica, es la capacidad de un material de absorber la onda térmica y acumular el calor absorbido. El hormigón, la piedra y el adobe, son, por su gran densidad, materiales de alta inercia. En función de su volumen, almacenan gran cantidad de energía térmica. A mayor espesor mayor almacenaje de energía.
Resistencia térmica, es la capacidad de reflejar la onda térmica, de modo que el material no almacena calor ni permite su paso. Materiales con buena resistencia térmica son, basicamente todos los aislantes, pero para revestir usaremos preferentemente la madera el corcho y sus derivados.
En función de estos conceptos, a la hora de elegir el acabado interior de una vivienda, debemos tener en cuenta dos cosas:
1- El clima.
Aprovechar la inercia de los materiales, interesa en zonas climáticas frias o bien donde hay variaciones de temperatura significativas entre el día y la noche.
En los climas fríos, el calor de los sistemas de calefacción, se almacena en los muros de alta densidad (piedra, adobe, hormigón), lo que ayuda a mantener una temperatura homogenea con un mínimo aporte calórico. A su vez esos muros conservan la frescura en los calurosos dias de verano.
En climas medios con variación de temperatura entre el día y la noche, se utilizan muros con inercia, pero de menos grosor, para permitir que el calor acumulado durante el día, atempere la temperatura interior nocturna y viceversa.
2- El uso.
En una vivienda de uso continuado, favoreceremos la utilización de materiales densos que permiten el aprovechamiento del calor acumulado en paredes y suelos por el aporte diario, mientras que en una vivienda de uso ocasional, usaremos materiales resistentes que no absorben calor (madera, corcho), con lo cual nos será mucho más facil caldear los espacios aunque estos se enfriarán con rapidez al cesar el aporte.
Inercia y resistencia, no son conceptos nuevos. Basta observar las construcciones populares para reconocer la sabiduría y buen hacer que encierra la arquitectura vernácula.
Resistencia térmica, es la capacidad de reflejar la onda térmica, de modo que el material no almacena calor ni permite su paso. Materiales con buena resistencia térmica son, basicamente todos los aislantes, pero para revestir usaremos preferentemente la madera el corcho y sus derivados.
En función de estos conceptos, a la hora de elegir el acabado interior de una vivienda, debemos tener en cuenta dos cosas:
1- El clima.
Aprovechar la inercia de los materiales, interesa en zonas climáticas frias o bien donde hay variaciones de temperatura significativas entre el día y la noche.
En los climas fríos, el calor de los sistemas de calefacción, se almacena en los muros de alta densidad (piedra, adobe, hormigón), lo que ayuda a mantener una temperatura homogenea con un mínimo aporte calórico. A su vez esos muros conservan la frescura en los calurosos dias de verano.
En climas medios con variación de temperatura entre el día y la noche, se utilizan muros con inercia, pero de menos grosor, para permitir que el calor acumulado durante el día, atempere la temperatura interior nocturna y viceversa.
2- El uso.
En una vivienda de uso continuado, favoreceremos la utilización de materiales densos que permiten el aprovechamiento del calor acumulado en paredes y suelos por el aporte diario, mientras que en una vivienda de uso ocasional, usaremos materiales resistentes que no absorben calor (madera, corcho), con lo cual nos será mucho más facil caldear los espacios aunque estos se enfriarán con rapidez al cesar el aporte.
Inercia y resistencia, no son conceptos nuevos. Basta observar las construcciones populares para reconocer la sabiduría y buen hacer que encierra la arquitectura vernácula.

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