8 de marzo de 2013

VIVIENDA METAFAMILIAR: LA CASA DEL FUTURO?

Cuando pensamos en la casa del futuro, nos limitamos a dar forma futurista al modelo de hogar actual y a llenarlo de automatismos. Pero la perspectiva histórica nos muestra, que más allá de la estética, la vivienda se adapta a la familia que la habita y al uso que se hace de ella. Por tanto, vamos a intentar intuir la deriva de la unidad familiar.

Creo firmemente que el futuro, en un movimiento pendular, nos conduce nuevamente, de forma natural,hacia la congregación familiar. Es decir: la convivencia bajo el mismo techo de varias generaciones de una misma familia, e incluso, alguna de sus ramificaciones políticas.

A esta convicción, me llevan principalmente dos argumentos. El primero es de justicia social y el segundo económico.

1- SEGREGACIÓN GENERACIONAL. "Los niños con los niños y los viejos con los viejos".
Creemos que la separación por grupos de edad siempre ha existido, pero la realidad es que pertenece exclusivamente al siglo XX y a la cultura occidental. Esto es un doble despropósito. Por un lado priva a los niños de una pieza clave en su educación, la diversidad de puntos de vista y les priva de dar y recibir cariño a otros miembros periféricos de la familia.
Pero el verdadero crimen es, que después de una vida entera dedicada a criar y cuidar una familia, un anciano se vea condenado a un terrible final, a elegir entre la soledad, la inutilidad, el olvido, la carga, el apestado que va mensualmente de casa en casa o en el mejor de los casos, la residencia de lujo en compañía de otros muebles viejos.

2- DUPLICIDAD DE RECURSOS. La tendencia es que una familia media, tenga casi tantas sedes como miembros, igual o más vehículos, altas y facturas energéticas, números de teléfono, mobiliario, televisiones, wifis, Adsls, ordenadores personales…
Pero además, se multiplican las horas dedicadas a trabajar para sufragar todos estos gastos. Las horas dedicadas a limpiar, hacer la compra, cocinar, fregar, poner lavadoras…
Si somos capaces de abstraer la mente y mirar con un poco de distancia, esto, además de tremendamente caro y antiecológico, es sencillamente ridículo.

Parece obvio, pero cada vez que sale a debate esta idea, genera perplejidad y una encendida controversia. Me pregunto si seríamos capaces de afrontar el enorme esfuerzo en favor de la convivencia que esto requiere, renunciando a conquistas como la independencia personal y la privacidad.

Las inercias son difíciles de romper, pero, si atendemos a los indicativos económicos de los últimos tiempos… ...A la fuerza ahorcan!

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